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A UN MAESTRO. Minoldo Gramajo González. imprimir | correo
Recordando a mis maestros …


                                 “Siempre que enseñes,
                                  enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.”
                                                                                                         José Ortega Y Gasset

Maestro es quien lleva en el alma la esperanza en el provenir, es quién comprende la naturaleza humana y que cuál hierro candente, en sus manos el saber es.
Es quién  lleva también, el ansia de libertad en esa pequeña antorcha
que nunca se ha de apagar.
Aquél que sin arrogancia, pero sí con coraje y valor flamea  su tea ardiente y con vuelo de ruiseñor en alegre prestancia quema el velo de la ignorancia.
Ser Maestro es tomar la mano del niño y transitar juntos, la senda de la sabiduría.  No es llevarlo a ella, sino lograr que el niño con su inteligencia la descubra.  
El maestro hablará de hechos históricos, pero la interpretación será del discípulo.
Podrá hablarle de grandes ríos, lagos, montaña y ciudades que hay lejos de allí,
pero las alas para llegar hasta esos lugares, serán las del educando.      
Podrá hablarle del conocimiento acumulado por la ciencia,
pero no podrá darle la ciencia.  
Podrá hablarle de la disciplina en los estudios y en todos los actos de la vida, y que a veces la disciplina conlleva rigor, pero corregirá con amor.  
Podrá hablarle de números y de geométricas formas, de mundos imaginarios
construidos por el hombre, en su afán de dominar la naturaleza,
pero no podrá conducir la joven alma a esos mundos, sino que será el niño
quien tome la decisión de viajar hacia allí o no.  
Prestará  sus alas al niño para que aprenda a volar a lugares insospechados,
pero nunca irá con él hasta allá, el alma del niño mora en un mundo por venir.  
Su satisfacción será plena con el triunfo de quienes fueron sus alumnos,
de aquellos a quienes en una etapa de su vida les dio un pedacito de su corazón,
de aquellos para quienes abrió una senda en su alma para que transitaran por ella
y aprendieran a volar.

¡MAESTRO!

Serás la tierra donde se siembre amor y se coseche bienaventuranza;
la barca que abrigará el alma del niño mientras navega en los mares de ignorancia, la barca que en la tempestad surcará suavemente la corriente;
Serás una alma joven sonriente, de espíritu pleno, pues tu corazón siempre guardará las risas infantiles, de un tiempo donde no existe el tiempo.  
De la riqueza de tu alma  darás a manos llenas a los inquietos espíritus juveniles.
Serás árbol de profundo y delicado aroma que perfumará el valle de las almas,
ese perfume llegará como una brisa a lejanos valles, bosques, ríos y poblados empujado por un viento, que es hijo del tiempo.
Al influjo de tu palabra desvanecerás las sombras de la ignorancia que florece en una tierra no cultivada, para que del surco que labres  surja la flor que se abra y con  el tiempo aparezca el fruto en el alma joven.
Enseñaras que todos los seres humanos cuando nacen son el original que Dios puso en el mundo, sin embargo, muchos se afanan, pasados los años, en parecer copias de algo que olvida el divino designio.
Enseñarás a los espíritus jóvenes a buscar la libertad como un ideal, no como un fin.
Todo espíritu libre, es libre siempre, no le tendrá miedo a la muerte, el origen de todos los miedos.  El miedo a la muerte engendra los demás miedos.
Depositarás la música de la libertad en el alma del niño, para que su mente la cante, para alcanzar la libertad de espíritu, la mejor de todas las libertades, porque quién es libre de espíritu jamás será esclavo aunque lleve cadenas.  
Podrán callarle la voz, pero ¿quién impedirá que cante el ruiseñor?  
Si el ruiseñor habita en el alma.
Enseñarás que los déspotas se alzan en el corazón de la patria, porque antes, en el corazón de cada uno de sus hijos, se asentó un pequeño tirano, que fue creciendo en el tiempo, porque la educación no lo transformó.
  Si hay que destruir al tirano, se comenzará por destruir al que está dentro de uno mismo y ese se destruye, solo con la Educación.

¡Maestro!
¡Tu tarea es grande y la realizarás con las manos vacías, solo con la certeza que la misma tiene algo de divino!


                                                                                                                      “Educar sólo podrá hacerlo quién sea
                                                                                                                                              un evangelio viviente.”
                                                                                                                                          José de la Luz Caballero.


UN SONETO PARA KITTY. Minoldo Gramajo González. imprimir | correo
Corta fue la senda de tu vida, mujer
Más cada alegría o sonrisa compartida
atan los recuerdos de tu madre querida
en su memoria que viaja por el ayer.

El ángel bello de tu alma ha de florecer
en quienes temprano lloraron tu partida
rehusando abandonar la senda vivida
y la cruel pesadilla niéganse a creer.

Al ruiseñor que canta, la parca arrebata
la melodía de tu voz ya no es ahora
¡Febrero! Dí, ¿dónde está la luna de plata?

En ese lampo de cielo, allí se retrata
con el amanecer rosicler de la aurora
una hermosa trigueña, con ojos de gata.


Meme. Minoldo Gramajo González. imprimir | correo
MEME
(A Manuel Colom Argueta)

1

Aunque cortaron tu vida        
las balas no te mataron  
pues tus ideas quedaron      
a pesar de tu partida.          
En esa calle y avenida      
creyeron los criminales
terminar tus ideales
pues nunca más se oiría
la palabra que abría
los ojos a los quetzales.

2

Los chacales asesinos  
con su ráfaga macabra  
silenciaron tu palabra
trastocando los destinos.
Y por los patrios caminos
a la eternidad te fuiste,
aquella mañana triste,
y allí tu verbo y tesón  
piden al cielo una razón
por la injusticia que viste.  

3

Tu palabra ahora avanza
quemante desde la historia
señalando lo ilusoria
de la criminal confianza.
Pues la esperanza
que nos dejó tu palabra
de un amanecer que abra
camino a la redención
será la revolución  
para quién la tierra labra.


El ruiseñor sin alas. Minoldo Gramajo González. imprimir | correo
EL RUISEÑOR SIN ALAS

A Fito Mijangos,
respetable y digno hombre
de nobles ideales.

I

Era un ruiseñor sin alas
aunque volar no podía
su bello cantar se oía
y lo acallaron con balas.
Destrozáronlo a las malas
chacales, ruines traidores,
de medallas segadores;
con armas suplen su falla
de estar en una batalla
malditos depredadores.

II

Es una historia sin galas
la vergonzosa medalla
gema de ausente batalla
la del ruiseñor sin alas.
El chacal atacò a las malas
que se espera de un canalla
que con plomo todo calla
mánchase en sangre el hocico
busca el canto, rompe el pico,
ideas contra metralla.

III

Por la espalda disparando
en esa cuarta avenida
donde caíste sin vida
las balas siguen sonando.
Mira que lo estoy contando
para que descansar tú puedas,
que de la silla de ruedas
cayó tu cuerpo al suelo
yendo tu espíritu al cielo
más en la historia te quedas.


Hechizo de amor, de Minoldo Gramajo González imprimir | correo
Poeta soy y mi deber es
lanzar al viento mis versos
y evitar que se queden
dentro del alma dispersos.

¿Te acuerdas?
Esa madrugada
al hechizo de la luna llena
plena de luz ella,
tu de amor plena
bajo la mirada de las estrellas
y al embrujo de mis versos
y de muchos, muchos besos
cedió tu alma de niña
entregándote a mi rapiña
en aquel lugar que fue
nuestro  altar del amor
y en él fue la fusión de
nuestras dos almas
sin quejas,  sin dolor.

Esa madrugada, recuerdo,
mi camisa tapizaba
el lecho duro del suelo
en que reposabas.
Esa camisa de antaño
te protegía del daño
de espinas o insectos
más no de la daga
de mis afectos.

Esa madrugada,
se escondió con rubor
la luna hechicera
tras un velo de color
de una nube pasajera,
evitando mirada alguna
al instante de la fusión
de esos cuerpos en una
madeja de pasión.

Los grillos que hacía tanto
cantaban con ardor,
detuvieron su canto
ante ese hechizo de amor.


Tu Recuerdo, de Minoldo Gramajo González imprimir | correo
I

Sé que:
en algún lugar en lo profundo  de mi mente
ahora que pienso y que todavía estoy cuerdo
he guardado para que permanezca latente
allá en ese bello rincón de los recuerdos,
ese lugar donde siempre puse con orgullo
todo lo que me ata a ti, todo lo tuyo
lo más valioso de tu belleza diamantina
esa fotografía donde luces divina.

II

También sé:
que por más fuerte que yo haga ese esfuerzo
para que se mantenga  pulido y  brillando
ese retrato que originó aquel verso
con el paso del tiempo se irá apagando
yo sé que gran enemigo nuestro es el tiempo
tiempo que sin ceder un ápice, un acento,
hará estragos en mi mente sin más razones
y tu belleza se esfumará a jirones.

III

Sé que:
para entonces habré olvidado tu nombre
cuál era tu mirada y cuáles tus facciones
quizá recuerde que me turbaste como hombre
y que mi alma te adoró sin condiciones,
y talvez en mi locura solo pueda saber  
que hubo en mi vida una hermosa mujer
que se adueñó de mi corazón sin esfuerzos
y quizás recuerde que te escribía versos.

IV

También sé:
Que al llegar el fin y mi vida se apague
y antes de alcanzar la suprema placidez
y  el espíritu tome la postrera nave,
a mi mente vendrá por un instante  lucidez;
te recordaré con aquel abrazo de ayer
cuando en mi pecho sentí tus formas de mujer.
Pido a Dios, en ese instante, sin agravios,
decir tu nombre, y morir con él en los labios.


Medalla de plata, de Minoldo Gramajo González imprimir | correo
Era el trece Bak’tun
que nacía en los pies
del hombre-venado.
Eran los pies de katún
del hombre-venado
que arrastraban al correr
el corazón de un pueblo.
Era un pueblo herido
como un ciervo del monte
que ponía su esperanza
en el hombre-venado.
Era una medalla
que esperaba por el coraje,
el valor y la decisión
del hombre de maíz.
Esa tarde
el hombre-venado
caminaba acompañado
de veinte nahuales
caminaba con la madre tierra
en un abrazo de amor,
y no sobre ella con dolor.
Una sombra de gigante
acompañaba al hijo del tún
esa sombra las abuelas sabían
era del príncipe Tecún.
Esa tarde el son se quitó
el  ropaje de melancolía
y de la garganta de la marimba
brotó divina melodía.
Fueron dos lágrimas
del hombre de maíz
y cayeron  a la madre tierra
en aquel lugar de Albión
con ellas el hombre-venado
hizo que se abriera  el corazón,
hasta tocar la raíz
de un pueblo sumiso
a la esperanza de caza mayor
con su cerbatanero de maíz.


Insomnio, de Minoldo Gramajo González imprimir | correo
INSOMNIO

(Minoldo Gramajo y Silvia Titus)


I

Esta noche soñaba con esa mirada tuya
Hechicera y profunda
Deseaba encontrar una respuesta
Ilusión casual de saber si me amas...

II

Y no lo vas a creer,
aún después de tanto tiempo
te sigo soñando, te sigo queriendo,
el tiempo se detuvo en mi alma…

III

Aún siento tu perfume en mi lecho
Y el éxtasis de tus labios y tu cuerpo.
Escucho tu voz llamar por mi nombre,
te recuerdo como éramos ayer…

IV

Sin quererlo, en el tiempo y la distancia,
tu amor se me escapó como agua de río
y aún sueño con esos besos que nos dimos
aquella última tarde y eso es lo único mío.

V

Mío en el recuerdo, mío en la distancia,
mío en el anhelo…
de que algún día vuelva
a ser lo que fue.

VI

Esta noche,
dejaré a mi alma buscar el ayer,
ese ayer de aquel campo en flor
que nos envolvió en un abrazo de amor…

VII

Ese ayer en el que fui feliz
en el que, tus brazos fueron mi mundo,
tu sonrisa mi sol
y tu cuerpo mi sustento

VIII

Ese ayer que en mi mente no quiere morir
y  aunque estás  ausente de mí
tu recuerdo sigue atrapado aquí,
en esa red, que un día, tejió mi amor por ti.

IX

Y no sé qué hacer para regresar al ayer
porque aunque lo deseo, no sería  igual
Y ambos estamos en el hoy,
hoy  que no será nunca el ayer.

X

Talvez deba conformarme y olvidarte, mi vida, sí.
Talvez deba alejarte de mi mente y de mi alma,
Pero aunque lo intento todo, tu recuerdo se agiganta
Y cual ola me alcanza, aunque no quiera pensar en ti.

XI

Tal vez debería buscarte,
Tal vez debería decirte lo que siento,
Tal vez tú sientas lo mismo,
Tal vez…

XII

El alba se acerca, la luz llega.
Yo te espero y sé que no vendrás.
Talvez deba resignarme
al amor perdido, talvez, …


Hombre, de Minoldo Gramajo González imprimir | correo
Hombre,
Cuando Dios te de un hijo,
recíbelo junto con su madre.
Recíbelo con regocijo
pues es un tesoro divino
en  medio de vuestras vidas.
Abrázalo con cariño
que sienta la fortaleza de
unos brazos viriles,
pero también la ternura
que emana del corazón de su padre,
¡Un auténtico ser humano!
La virilidad le servirá
más adelante en la vida
para ser fuerte
cuando tropiece y caiga.
La ternura para que no olvide
que es creación de Dios.
No más pero tampoco menos
que las aves, que las plantas,
que los ríos, que los mares,
en fin que las otras criaturas.

Hombre,
la ternura es la poesía que el divino Hacedor
puso en la creación, es herencia de él.
Aquellos que no tienen ternura
se han quedado como reptiles
encerrados en forma humana.

Hombre, a ti te digo,
toma a tu hijo y enséñale a caminar.
Al principio seguirá tus pasos,
serás el espejo donde se mirará.
Por ello debes ser siempre,  para él,
espejo limpio, bien pulido,
espejo de agua cristalina
donde alcance a ver en el fondo tu alma.
¡Tus actos deben  ser nobles y sinceros!
Erradica la hipocresía de tu vida,
saca la envidia de tu corazón.
Ellas  son un lastre innecesario
en el camino de la vida.
Causan al hombre muchos males
desviándolo del divino proyecto
del  Creador.

Enséñale que,
Deberá mirar siempre de frente
a sus semejantes, cuando les hable,
y si alguna vez ha de mirar hacia abajo,
a un hermano, es porque está luchando
con él para levantarlo.
Qué no alce la voz al hablar,
porque la verdad en la palabra
no necesita gritos, ¡Sino sabiduría!

Enséñale que la mujer
es la flor más hermosa de la creación,
que ha de admirar su belleza
porque es un regalo del creador;
que ha de amarla,
pero también tiene la obligación
de respetarla, de cuidarla.
Recuérdale que su madre:
¡Es una mujer!

Enséñale el amor al trabajo,
pues con él se satisfacen
las necesidades materiales.
Que trabaje para vivir bien,
más nunca sea esclavo del trabajo.
Enséñale el valor de cada moneda
ganada con el sudor de la frente.
Que si una moneda se pierde
pierde todo el hogar, no sólo él.
Qué en el hogar tiene derechos,
Pero también obligaciones
.
Enséñale que el bienestar
procurado honradamente
agrada al Creador, su Dios.
Enséñale a proveer todo
a su familia con su trabajo,
que no envidie nunca al que tiene más.
A veces tener más sólo es sinónimo
de tener malas entrañas,
malos sentimientos,
maldad en el alma.

Hombre, llegado el momento,
tu hijo habrá de marcharse,
dejará tu casa para seguir su camino.
¡No temas!  ¡Déjalo irse!
Si todo lo que le diste con paciencia,
durante muchos años
lo lleva en su alma,
el mundo habrá ganado,
tendrá para él
a un ser humano
digno de vivir la vida.
Como padre, vigila nada más
aquel camino por donde un día se fue.
Si vuelve, es para pedirte consejo
porque algo falta en su vida;
si no, es que todo quedó bien hecho.
Has de tener claro en tu mente,
que aunque es tu hijo y lo engendraste,
le diste todo tu cariño,
lo guiaste con amor por el camino,
¡No eres tú!

Ahora que se ha marchado,
que se bifurcan los caminos,
no seguirá el tuyo, sino caminará el propio.
No tendrá tus pensamientos,
sino los que broten de su mente.
Sus sentimientos no serán los tuyos,
sino aquellos que con tu ejemplo
y ternura, él logró formarse.
Tu alma no será la de él,
pero tu espíritu estará con él.
Tus ideales no serán los de él,
él mirará más alto que tú,
porque la vida ha adelantado
ya no es la misma de tu generación.
En cada generación la vida
da un salto para adelante,
hoy es mejor que ayer
pero aún más imperfecta que mañana.

Así como toda criatura pensante,
de este vasto universo, quiere
que su hijo viva en un mejor mundo,
así un día, tú también lo deseaste;
que cada quién hiciera de su hijo un hombre
que no lastimara a su hermano
para no ser lastimado por él.
Hombre, tienes que esforzarte por
hacer bien a tu hijo,
él recibió a través de ti
la  herencia maravillosa de trasladar la vida.
Es la parte divina del hombre
dada por el Creador del universo,
y por ello, es responsable de entregar
¡Un mejor mañana a la humanidad!


Lilian (Bella), de Minoldo Gramajo González imprimir | correo
I
Bella,
¿Por qué del universo,
lo negro tomaron tus ojos?
¡Para que naciera este verso!

II
Abres los ojos arqueando las cejas
Esas miradas que del iris escapan,
¿Cuáles son sus pasiones?
¡Romper corazones!

III
Divina se dibuja tu boca,
cuando hablas con la palabra loca,
¿Para qué esa espina que da dolor?
¡Es para matar de amor!

IV
Esbozando la pícara sonrisa.
Giras y se agita la cabellera
¿A dónde te lleva la prisa?
¡Al encuentro de la primavera!

V
Esa enigmática mirada
de profundo mirar diverso.
Bella, ¿Qué sabes del amor?
¡Es una flor en el universo!

VI
El negro profundo del iris vacío
con que miras al mundo que no te va.
Ese furtivo suspiro, ¿a dónde irá?
¡Al corazón mío!

VII
Dicen de tus negros ojos
Que de Damasco son,
¿Qué dices tú de ellos, Bella?
¡Me los regaló una estrella!

VIII
Lo oscuro de tus ojos nació en Xibalbá
o acaso es tu sonrisa de Bulbuxyá;
la belleza de que haces gala,
¿de dónde es?
¡De Guatemala!

IX

Pregunto al final,
Mientras agitas tu cabellera de turpial
Tu enigmática belleza, ¿tiene algún nahual?
¡El también enigmático Quetzal!


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