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Tiempo y espacio, de Edwin R. Vásquez imprimir | correo

Tiempo y espacio, de Edwin R. Vásquez


Entre tu sonrisa y tus ojos
hay dos verdades.

Tu sonrisa jovial,
ilumina y contagia.

Tus ojos distantes y opacos,
se pierden en las sombras.

Tu sonrisa invita a conversar,
en dos idiomas, en dos mundos.

Tus ojos, dos océanos,
dos estrellas detrás de la luna.

Las líneas divergentes de tu vida,
proyectan dos extremos diferentes,
de acuerdo al tiempo y espacio.

Tu sonrisa se desvanece,
convirtiéndose en gestos neutrales.

Tus ojos vibran de alegría,
son dos luceros que opacan a las estrellas.

Tu sonrisa claro obscuro,
la sombra detrás de las líneas.

Tus ojos colores primarios,
llenos de vida.

Tu sonrisa, formas abstractas,
entre dos verdades.

Te sumerges completa en el arte,
la pintura llena tu vida,
los colores llenan el espacio vacío de amores perdidos.
Y el futuro se torna menos incierto...


Frente a frente, de Edwin R. Vasquez imprimir | correo

Frente a frente, de Edwin R. Vasquez


Mi cuerpo y mente
están inquietos,
es una sensación de agobio,
ansiedad y desconsuelo,
desesperación y desvelo;
es un llamado de la sangre,
que me avisa que me prepare,
se acerca una tormenta en forma de pena.

Ciertamente, la sangre no miente,
esos lazos invisibles, fuertes como telarañas
frágiles como algodón recién cortado,
especialmente entre hermanos,
cuando la distancia nos separa.

Cansado de cuerpo y alma
el viaje casi interminable,
hacen de esta emergencia un mar de dudas y angustias.

Postrado en la cama trece del quinto nivel,
con los ojos cerrados, respirando muy lentamente,
el Doctor Gramajo me dice, uno de los pulmones se ha colapsado.

Mi hermano menor, una sombra de lo que fue,
desvalido, sin ese espíritu aventurero
independiente y libre.

Allí, en la cama atado con cadenas invisibles
esas cadenas que corrompen al ser humano
y que son la fuente de escape;
esos malditos vicios, las drogas y el alcohol,
muestran sus efectos funestos y devastadores.

Frágil criatura,
flaco, medio muerto, sin rasurarse
sin deseos de luchar por la vida,
con la bandera a media asta
con la batalla perdida,
en una cuesta de piedra,
en ese calvario imposible de superar.

Al verlo nuevamente después de tantos años,
esos sentimientos encontrados,
ese torbellino de culpas acumuladas,
me desarman, me tiran contra la pared
me arrebatan la máscara falsa de tranquilidad que traía puesta.

Al fin, frente a frente
la sangre se une, las palabras salen sobrando,
las lágrimas no se contienen;
usted llora porque a pesar de mi arrogancia,
estoy presente, cuando más me necesita,
sin pretensiones, sin rencores o falsos sentimientos
como cuando éramos niños.

Yo lloro porque lo veo
y la luz que entra por la ventana
me hace pensar que es la mano de mi padre acariciando suavemente su rostro
mis ojos se nublan y no hay nada que pueda hacer
lo abrazo tímidamente,
le doy un beso en la frente como lo hacía mi madre.

El tiempo que no para y se desvanece
pasa como un temporal en tiempo de lluvia,
me resigno a esperar el desenlace de su tormentosa historia,
y aunque los dos sabemos que será la última vez que nos encontremos
su alma por un instante siente esa paz interior que tanto busca,
y yo le doy gracias a Dios por permitirle el regalo más grande del mundo
y es el de morir en mi amada Xelajú.


La jaula de oro, de Edwin R. Vasquez imprimir | correo
En plena madrugada me sacaron del país,
como a un pájaro herido,
me protegieron hasta llegar a la tierra prometida,
allí abrieron las puertas de mi cautiverio,
y me dieron alas para volar.

Nunca me dijo el porque,
nunca me atreví a preguntarle,
quizás ella lo hizo por protegerme
de la violencia, la corrupción y el abuso,
de la guerra interna que el país sufría,
y que los de arriba bien sabían que el abuso,
debía ser el pan nuestro de cada día
y así acallar a los que como yo no tenían voz.

Hoy en mi presente
ya cansado de volar sin llegar a ninguna parte,
sigo con mil preguntas
y ella, la que me vio nacer,
ya no está, ya se fue
sólo ella tenía las respuestas del por qué,
y al morir se llevo consigo las llaves de mi libertad.

Hoy en mi presente,
siguen las heridas del corazón intactas,
sólo las cicatrices del cuerpo han sanado
y yo sigo aquí añorándote patria Maya,

Desde mi jaula de oro
veo el cielo azul y blanco de mi bandera
y en las noches hablo con las estrellas
que son las almas de los que perdieron su vida por amarte tanto,
mientras mi Luna de Plata me acaricia el cabello
como lo hacía mi madre.

Estas cadenas invisibles del exilio obligatorio,
son cada vez más pesadas en mi destierro,
son mi cruz envueltas en dólares y oro
y mi uniforme de prisionero
llevará los colores del Tío Sam,
hasta el día de mi muerte.


El Día de Muertos, de Edwin R. Vasquez imprimir | correo
Nacemos muriendo, pretender lo contrario es absurdo e ignorante,
nadie sale vivo de este mundo,
ni el millonario, ni el político corrupto, ni el General,
y mucho menos el pobre o el mendigo.

El gran señor, el millonario
con su opulencia y buen vestir
prolonga su permanencia, llegando a viejo
y disfrutando lo mejor de lo mejor,
sin preocuparse en lo más mínimo de la muerte,
o del día que deje su trono y su mansión.

El Político corrupto que con falsas promesas llega al poder,
y pretende ser amigo leal y finge ser fiel a sus principios morales,
vende las esperanzas al mejor postor,
vaciando las arcas en nombre del pueblo,
y que tiene una sed insaciable de mando y poder.
A ese sí, la muerte le llega sin compasión y nadie le llora honestamente.

Al General que cree ser dueño del mundo,
y tener poder absoluto, por ser intocable e inmortal
ni su ejército, ni las armas, ni sus vínculos oficiales,
pueden evitar que tenga que rendir cuentas finales,
aunque al final de sus días tenga que humillarse de rodillas
y arrepentirse de los actos inhumanos perpetrados a los de abajo.

Al pobre y al mendigo, que sufren muchas muertes en vida,
que son vistos como a un cero a la izquierda,
por haber nacido del otro lado del arco iris,
y que por su pobreza e ignorancia son utilizados por los arriba mencionados,
mendigan el pan de cada día.

El pobre y el mendigo siempre serán tomados en cuenta, sólo si hay elecciones
de lo contrario permanecerán invisibles y sin voz,
ellos no conocen la igualdad, pero son felices en su miseria
aprenden a vivir optimistas y con esperanza,
esperando con los brazos abiertos, la frente muy en alto
y mucha dignidad el día que por fin se liberen de este mundo cruel
y les llegué su día de muertos.


El concierto, de Edwin R. Vasquez imprimir | correo
A sus pies rendidas,
gritando con furor,
las damas, unas llorando
y otras con las manos en el pecho,
suspirando por su amor platónico,
Y él, altivo y sonriente se entregaba por igual
brindando su canto y su amor.

Yo, que observaba atentamente desde el balcón azul,
con un Remi Martin en las rocas en la mano,
absorbía la energía la multitud,
escuchando los truendos aplausos,
hermanados del mundo y el vaivén de las olas femeninas
que cantaban con su amor.

Nunca en mi vida vi, un océano de piernas,
un desfile de mini faldas en un sólo lugar ,
ni la lluvia, ni el frío
impidió a la belleza Latina llevar su mejor atuendo
para escuchar “El Amor”
y desde las más jóvenes hasta las damas de cuatro décadas
gozaron el clímax musical,
del “Caudillo” Ricardo Arjona.

Metamorfosis cumplió las expectativas
que el teatro entero esperaba del trovador Guatemalteco
quien se llevo de Los Angeles
mil corazones hermanados en un sólo lugar.


Uno más del montón, de Edwin R. Vásquez imprimir | correo
La amistad es dificil de encontrar,

es como escarbar en la montaña y encontrar un diamante en bruto,

es como cultivar un jardín en el desierto de Mojave.



La amistad es frágil cómo el vidrio soplado,

tan cambiante como una obra de arte en proceso,

requiere demasiado trabajo,

mucha atención y tolerancia.



Yo no busco amigos,

ellos me buscan a mi,

encuentran en mi algo que les llama la atención,

es quizás por curiosidad,

porque están pasando un momento de soledad

y quieren descubrir algo nuevo.



Para aquellos que se van y no regresan

fue un placer conocerles,

para los que llegan para quedarse,

bienvenidos, mi amistad es de por vida.



Mi amistad es como un baratillo

tomen lo que quieran,

les pido de favor, no abusen

y no me rompan el corazón.



La amistad es un tesoro por descubrir.

Una montaña por escalar.

Una bandera al aire.



Yo no busco amigos,

ellos me buscan a mi

si se atreven a entrar a este laberinto

espero no decepcionarlos

que quede claro,

están advertidos.



Yo soy uno más del montón.


Pesadilla constante, de Edwin R. Vásquez imprimir | correo
La pesadilla constante como un disco rayado,
empieza entre sábanas, en medio de la selva madre,
con un calor intolerable e imágenes de ruinas Mayas.

Me quedo dormido en la madrugada,
y al despertar no recuerdo el por qué
o cómo llegué ahí,
y me pregunto a mí mismo cual es el verdadero mensaje,
lo único que recuerdo son las notas de un jazz de Etiopía,
susurrándome en la distancia.

Tengo casi dos semanas de no dormir,
cambié mi dieta,
y no tomo más café en la noche,
aunque a veces me acuesto con hambre,
lo prefiero así, las agruras me enfadan
y las almohadas de seda se tornan rocas.

Esta pesadilla constante de visitar mi tierra,
de soñar que estoy en la cuna Maya, con guías americanos,
no me deja en paz,
los habitantes del Petén me hablan en Inglés,
y yo que vengo a desintoxicarme el alma,
de las barras y las estrellas,
me encuentro con una colonia americana.

Detenidamente analizo las imágenes,
que apenas recuerdo de mis pesadillas,
y me doy cuenta que es verdad,
y que es la triste realidad,
y aunque duele aceptar que el nuevo imperio avanza sigilosamente,
como lo hace el jaguar entre la selva virgen tras su presa,
ya nada queda del viejo imperio Maya,
más que las ruinas que representan a los que ya no están,
a los que desaparecieron.


Héctor Gaitán, de Edwin R. Vásquez imprimir | correo
En la primavera de mí vida, cuando mi mente empezaba a formarse y a entender que hay cosas inexplicables, su voz misteriosa cautivaba mi atención. La pequeña cocina se volvía un cementerio de silencio y nuestras sombras se escondían detrás de nosotros bajo la tenue luz de una candela. El brillo amarillento de la leña ardía lentamente ahumando las paredes de madera, mientras el humo se escapaba por el techo de lámina para no oír sus relatos.

Escuchar su nombre me daba escalofríos y mi cuerpo y mente se llenaban de pavor.  Cuando hablaba de la llorona me aferraba al calor de mi abuelo Nisho quien sabiéndome asustado, me acariciaba la cabeza dándome valor diciendo no pasa nada.  Mientras, el humo de su cigarro se confundía con el vapor de la hoguera y como duende desaparecía en medio de la noche fría.

Señor Gaitán, usted siempre fue el invitado de honor en nuestra humilde mesa.  No importaba si estaba lloviendo o si era noche de luna llena, la radio transmitía sin falta La Calle Donde Tú Vives, mientras mi abuela Matilde preparaba el café y las tortillas de maíz en el comal  de barro que siempre estaba dispuesto a la tortura. Ese aroma del chirmol recién preparado y el queso fresco era casi siempre la cena predilecta de mi abuelo.

Esos momentos de mi infancia volvieron a mi mente hoy miércoles, primero de Febrero del año corriente, al enterarme de su partida. La nostalgia y la alegría que siempre van de la mano se conjugaron para escribirle estas palabras, recordando las noches mas bellas de mi vida. Hoy que estoy llegando al umbral, entiendo perfectamente que su afán no era el de asustar, al contrario, su programa de radio unía familias no importando la clase social. Su voz le daba un toque de misterio a las historias y leyendas que por siempre serán parte del sentir chapín.

Como lo viví, lo cuento. Es posible lograr la unión familiar por medio de historias y leyendas. Es posible afectar positivamente la mente de un patojo y hoy que recuerdo su voz, vuelvo a vivir. Guatemala entera sufre la pérdida de un hijo ilustre. La llorona está de duelo y no sale hoy en la noche. El Cadejo está inconsolable. El Sombrerón no canta más. Los espantos de la Concordia están de luto. El balcón de los espantos está en silencio. Y la Calle Donde Tú Vives se quedará en silencio, esperando con ansias al maestro que no volverá. Quiero escribir la frase que hizo usted popular  y quizás algún día nos encontremos de nuevo en otro lugar: “Como me lo contaron te lo cuento, porque todo cabe en lo posible.” Descanse en paz señor periodista, historiador y amigo del pueblo.

Héctor Gaitán. 01-02-2012



Café con leche, de Edwin R. Vasquez imprimir | correo
Pegado a la computadora
Mientras me preparo un café instantáneo,
Así de fácil en el New York Times
Me entero que la bolsa de valores no tiene fondos,
Y que otro político dejó la contienda.

En el Washington Post
Mientras le agrego azúcar al café,
Busco noticias agradables
Y me encuentro que no hay trabajos
Y  me entero que si esto continúa, la Casa Blanca
Se pondrá de nuevo en renta.

Los Angeles Times anuncia en primera plana
Etta James falleció en Riverside,
Y los piratas del Internet esperan con ansias
Lo que va a pasar en el Congreso
Yo con paciencia le pongo leche a mi café.

En la soledad de mi destierro
Me siento en el sofá
Espero con ansias, alguna noticia optimista
Es muy temprano para escuchar otra nota amarillista.

Por fin,
Es hora de disfrutar
Qué flojera para levantarme,
Dejé el café en la cocina.

Mi Café con Leche ya va a empezar.


Inspiración sobre una taza de café, de Edwin R. Vásquez imprimir | correo
Mente alerta
corazón triste
emociones mixtas que se evaporan
con el vapor de mi taza de café
en busca de la inspiración evasiva.

Como loco, con sólo unos trazos
logro capturar la esencia
de mis pensamientos y sentimientos.

Para amantes en todo el mundo este es el mejor tiempo del año
es Navidad, hay amor y paz en todas partes.

Para los poetas
es también buen tiempo
nuestros cuerpos están sobre la tierra
nuestra mentes andan vagando en el universo
tratando de capturar
la mejor palabra
la mejor línea
prosa o poema
para que nuestra alma descanse
sabiendo que somos los mejores amantes en el mundo
amamos la vida, la naturaleza y la fantasía
y que no descansamos hasta lograrlo.

Mi café esta frío
la música de Ana Cirre se termina
mi mente retorna del corto viaje
mi corazón está vacío
aunque esté lleno de amor.

Mis emociones siguen mixtas
estoy tratando de  pensar, de organizar y crear.

Ahora mi mente y mi inconsciente me hablan
suavemente, calladamente  "déjala ir"
la musa se fue, va a regresar cuando estés relajado
cuando cierres tus ojos y vueles de nuevo al universo
donde los poetas, cantantes y escritores
se enamoran una y otra vez
tomándose una taza de café.


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