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Parte de Envejecer. Julio Rodolfo García Rodas. imprimir | correo

Parte de Envejecer. Julio Rodolfo García Rodas.


En el tiempo y su letanía,
conviven nuestras ilusiones
y a pesar de tu lejanía,
siguen unidos nuestros corazones.

Qué importa que hoy nos separe la distancia,
si nuestro amor rompe esas barreras,
pues posee la suficiente beligerancia,
para trascender mas allá de las fronteras.

Poseemos un lazo indestructible,
que nada ni nadie puede romper,
una relación quizá intangible,
pero que todos pueden ver.

Vives en mis pensamientos,
y se que en los tuyos permanezco,
pues compartimos mutuos sentimientos,
lo cual a Dios agradezco.

Y aunque tenemos diferentes opiniones,
somos tan parecidos en realidad,
ocultamos del mundo nuestras emociones,
refugiándonos en el vacío de la soledad.

Reprimimos nuestras ideas,
callamos tantas verdades,
llenamos la mente de sáxeas,
para no mostrar nuestras debilidades.

Quizá no seamos gotas de agua,
pero tenemos tanto en común,
compartimos en este mundo la piragua
dejándonos llevar por la vida y su simún.

Eres vástago de mi ser,
nacida de un amor puro y verdadero
como no te he de querer
si de mis frutos fuiste el primero.

Y aunque hoy tus ideas fueron anegadas,
con palabras locas forasteras,
que obligaron a tomar decisiones precipitadas,
pronto descubrirás sus verdadera intenciones.

Por ahora no puedes notar
lo absurdo de tu proceder,
quizá como padre en algo pude fallar,
pero cuando tu lo seas lo podrás entender.

Porque no viniste con un manual bajo el brazo,
y en el camino fui aprendiendo,
te mantuve caliente en mi regazo,
y hoy por tu ausencia estoy muriendo.

Pero eso es parte de envejecer,
ver como los hijos van partiendo,
lo cual es difícil de entender,
por ello pido a Dios que tu camino vaya bendiciendo.



Castillo en el cielo. Julio Rodolfo García Rodas. imprimir | correo

Castillo en el cielo. Julio Rodolfo García Rodas.


Invadido por vanas ilusiones,
transgrediendo el límite de la razón,
consternado por esas nuevas sensaciones
que esta sintiendo mi corazón.

Divago por senderos perdidos,
entre los bosques de sentimientos callados,
donde se encuentran los nidos
de amores que no pueden ser mostrados.

Camino sin rumbo fijo
siguiendo la luz de una estrella,
tratando de resolver el acertijo,
para conquistar el amor de esa doncella.

Pero mi andanza se ve limitada,
por un papel que la ley extiende,
¿como que si amor entiende
que no se puede enamorar una persona casada?.

Sensaciones encontradas invaden mi mente,
pensé que eran cosas por el tiempo borradas,
creí que era más inteligente
pero veo que también se ama en las alboradas.

Que también se puede fantasear como un chiquillo,
no importa el sexo o la edad,
que en cielo podemos construir un castillo,
aunque sea triste nuestra realidad.

Pero basta ya de desvaríos,
es tiempo de afrontar la verdad,
dejar de pensamientos sombríos
que opacan mi aparente felicidad.

Pues aunque este ilusionado,
que la dicha por un rato toque,
tus encantos me han hechizado,
pero he encontrado lo que nunca busque.


Admito que no soy el hombre de tus sueños,
ni el fuego de tu hoguera,
no soy quien arranca de tu pecho un suspiro
ni el que inspira pasiones en tu mente
aceptemos que nuestros corazones ya tienen dueños
y aunque no lo quiera
de tu lado me retiro
pues debo ser muy prudente.

Pues no es justo sacrificar a otra persona
que mucho nos han dado,
se que mi pecho amor por ti pregona
pero te digo adiós con el corazón acongojado.

Doy paso a lo que viene,
me alejo sin dejar de quererte,
diciendo que suerte tiene,
aquel que libremente puede tenerte.


Lógica Ilógica. Julio Rodolfo García Rodas. imprimir | correo

Lógica Ilógica. Julio Rodolfo García Rodas.


Edificios hechos de queso
de inquilinos tiene ratones
sé que imposible es eso,
por más de mil y una razones.

Avestruces surcando el cielo,
en bandadas multicolores,
libremente alzan su vuelo,
alimentándose tan sólo de Flores.

Peces caminando en la tierra,
desafiando su naturaleza,
van con rumbo hacia la sierra,
buscando el aire de mayor pureza.

Perros cuidando sus nidos,
de gallinas predadoras,
temblorosos cuando escuchan los  ruidos,
que producen las voraces invasoras.

Un arcoíris monocromático,
surge cuando tiembla el cielo,
de esto lo más enigmático,
es que los veo en mis noches de desvelo.

Así es mi lógica de ilógica cuando no estas,
cuando no cuento con tu presencia,
el día es tan solo una saeta fugaz,
mi cuerpo se congela con tu ausencia.

La suerte se aparta de mi lado,
pues tu eres mi trébol de cuatro hojas,
el lazo del cual me he aferrado,
siguiendo un sendero que me aparta de zonas rojas.

Sin ti la vida pierde sentido,
me encuentro desmotivado,
como una ave que cae del nido,
sin ti soy presa fácil del cazador aprovechado.

Porque tú eres lo mejor que me ha pasado,
el alfa y omega de mis sentimientos,
soy feliz desde que te he encontrado,
eres la dueña de mus pensamientos.

Eres la brújula de mi destino,
el mapa de mi existencia,
doy gracias a Dios por ponerte en mi camino,
por engalanar mi vida con tu presencia.

Quizá no sea el hombre más dichoso del mundo,
pero esa nunca será mi preocupación,
lo que importa es este  sentimiento profundo,
nacido en lo más recóndito de mi corazón.


Nuevos amaneceres, de Julio Rodolfo Garcia Rodas imprimir | correo
Frío, árido y vacío
carente de emoción
totalmente hecho un lío
se encontraba mi corazón.

Apesadumbrado y sumergido en la duda
plagado de lamentos
cual fuese una simple leuda
carente de sentimientos.

Viviendo del pasado,
sufriendo un cruel tormento
de un amor mal pagado
hundido en el sufrimiento.

Noche oscura rodeaba mi vida
en un perpetuo y frío invierno,
donde invernaba mi alma herida
para no vivir en tal cruel infierno.

Lágrimas brotaban constantemente
de mis ojos ya irritados
por un destino inclemente
causado por sentimientos desarraigados.

Pero con ímpetu irrespetuoso
el amor regresó a mi vida,
sacándome del lugar sombrío y fangoso
en el que mi mente estaba retenida.

Devolviéndome el de deseo de vivir,
el derecho de soñar,
la ilusión de compartir
al brindarme a quien amar.

Arcoiris de colores surcaron mis cielos
y por dentro sentí mariposas
revoloteando junto a mis anhelos,
haciendo me sentir cosas hermosas.

Y encontré nuevos amaneceres,
donde el alba era inclemente
pues enterraba en tumba viejos quereres,
y me perpetuaba y traía al presente.

Donde te encuentras tú amada mía,
mi flor de invierno y primavera,
dueña de la dulce melodía
que me acompaña donde quiera.

Te amo como nunca lo hice,
pues das razón a mi existencia
y a pesar que a muchas quise,
todas palidecen ante tu presencia.

Gracias por aparecer en mi camino,
por estar siempre a mi lado,
compartiendo el destino
que Dios nos ha preparado.


Mi alfa y omega, de Julio Rodolfo García Rodas imprimir | correo
Si el mundo fuera blanco y negro
tú lo llenarías de colores,
con tu llegada mi vida se alegró
y mi jardín se cubrió de flores.

Un jardín que lucía sombrío
lleno sentimientos apagados,
donde el amor titiritaba de frío
a causa de sinsabores pasados.

Pues tú eres la luz de mi vida,
el sendero que guía mi destino,
el calor que abriga mi guarida,
la mujer que Dios puso en mi camino.

Eres el inicio de mi fantasía,
la musa que me hace inspirar,
el punto de geometría
que nadie antes me pudo señalar.

Cuando me encuentro a tu lado,
cambia el paisaje de mi alrededor,
ya que contigo he logrado
descubrir lo que es el verdadero amor.

Tú eres mi alfa y omega,
la dueña de este corazón
que libremente a ti se entrega,
junto a toda mi devoción.

Eres el condimento de mi vida,
aquel que da el toque y sazón
para que esta no sea desabrida
eres fuente de toda mi ilusión.

A tu lado puedo lograr cualquier cosa,
pues tu amor me hace ser fuerte,
mi alma se siente dichosa
juro amarte más allá de la muerte.

Pues el amor siempre logra trascender
perdurando a través del tiempo
y cuando llegue a fallecer
declamaré el amor por ti con mi último aliento.

Te amo como no puedes imaginar,
sentimiento que no tiene medida ni valor,
pues no existe parámetro con el cual comparar
cuando se trata de puro y sincero amor


El río, de Julio Rodolfo García Rodas imprimir | correo
Por un pasaje colorido
en el río de la Esperanza,
hago mi recorrido,
navego con suma confianza.

Mi caleta va cargada de sueños
que contigo he forjado,
de realidades de las cuales somos dueños
y de metas que hemos alcanzado.

Conmigo van tres pasajeros
que me acompañaran en parte del camino
pero que buscarán otros senderos,
para forjar sus propios destinos.

Navego en tus aguas caudalosas
que descubrí en una madrugada,
caudales de formas caprichosas,
en las cuales mi sed de amor se vio saciada.

Me dejo llevar por tu corriente,
con la certeza que en ti no he de naufragar,
lo podría hacer eternamente
con la convicción que en ti no me he de ahogar.

Aguas rebosantes de placeres,
donde el amor no es difícil de pescar,
contigo son felices mis féferes
por ello solo en tu afluente he de nadar.

No necesito buscar otros regatos,
si tú eres el camino perfecto
pues otros sólo me causarían malos ratos,
sacándome del rumbo correcto.

Tu raudal está lleno de sorpresas,
que día a día quiero descubrir,
y son esas sutilezas,
las que evitan que lejos de ti quiera vivir.

No eres como esos riachos,
que antiguamente surqué,
los cuales en sentimientos eran pachos
pero felizmente te encontré.

Por eso viajo en tu torrente,
sin mapas ni sextante
mi guía es tu presente
el cual determina mi cuadrante.

Floto en tu remanso de ternura,
lo hago con mucha pasión,
en ti mi amarra es segura
pues me une a tu corazón.


Guatemala de mi corazón, de Julio Rodolfo Garcia Rodas imprimir | correo
Soy origen Ki´che, Mam, Tz´utujil,
orgulloso de pertenecer a la tierra del Quetzal,
Guatemala tierra del Güipil
y de bellezas sin igual.

Provengo de una cultura milenaria,
que dio vida al “popol Vuh”
llena de una pasión extraordinaria
como la de Paco Pérez y su Luna de Xelajú.

Fui arrullado con Tun, Marimba y Chirimilla,
crecí al ritmo del son,
dulce o triste melodía,
que engalana con sus notas mi imaginación.

Mi tierra es rica en paisajes,
es un lugar pluricultural,
derivado de sus mestizajes,
lo cual nos convierte en gente especial.

Cuenta con volcanes activos
y lagos cristalinos como espejos,
los cuales constituyen grandes atractivos
que a turistas y a propios dejan perplejos.

Su arte culinario es único en verdad
como el Kackik, pepián o el revolcado,
que son sabrosos en realidad,
y a tu paladar dejan encantado.

Mi país está lleno de creencias y tradiciones,
de montañas con matices de diversos colores
que conquistan los corazones,
de todos sus pobladores.

Su flora y su fauna es peculiar,
donde destaca la Monja Blanca y el tapir,
la primera por su belleza singular
y el otro porque pronto se puede extinguir.

Sus cordilleras esconden tesoros naturales
como Semuc Champey y Anda Mira,
afluentes de agua fría o termales,
que aún al más exigente cautivaran.

Única en este planeta es mi nación,
terruño que me vio nacer,
¡Guatemala de mi corazón!,
por siempre te he de querer.


Domingo en el Parque Central, de Julio Rodolfo Garcia Rodas imprimir | correo
Caminando por el paseo de la sexta avenida,
muy cerquita del Parque Central
el domingo veo a mi gente reunida
enfilándose hacia el Portal.

Panorama de múltiples colores
en el cual se escuchan muchos dialectos,
unos caminan en busca de amores,
vistiendo sus trajes predilectos.

Otros en familia van paseando,
pues se han salido a distraer,
el entorno están disfrutando,
gozando un hermoso atardecer.

Todos caminan frente al guacamolón.
así llaman al Palacio Nacional,
llenándose de emoción
y contemplando la Catedral.

Día para degustar sabores de mi país,
chuchitos, atoles y tostadas,
torrejas, buñuelos o quizá dobladas,
comida criolla que en mi tierra tienen raíz.

Unos buscan el Parque Centenario,
ese que tiene una concha acústica,
donde escuchan el sonido milenario
que la marimba otorga con su música.

Pasear por el centro de mi ciudad,
es un viaje lleno de atractivos,
observas casas con mucha antigüedad,
y fachadas que de los siglos han sido testigos.

Domingos en la Plaza de la Constitución,
como otros la han de nombrar,
es llenar de patriotismo el corazón,
sintiéndonos orgullos de chapines podernos llamar.

Pues allí mostramos lo cordial de nuestra gente,
lo profundo de nuestras tradiciones,
la calidez flota en el ambiente
llenándote de vivencias a borbollones.

Domingo en el Parque Central,
día lleno de antologías,
en donde destaca lo pluricultural
y donde emergen muchas poesías.

Me confundo entre la multitud,
disfrutando un paseo vespertino,
gozando a plenitud,
la concordia en un paraje capitalino.


La musa de mi inspiración, de Julio Rodolfo Garcia Rodas imprimir | correo
Por un beso de tu boca,
me encuentro cautivado,
mi mente se encuentra loca,
y mi corazón atrapado.

Por una sonrisa,
de tus labios suaves y delgados,
mi alma se encuentra sumisa,
y mis pensamientos opacados.

Me he convertido en tu fiel servidor,
como nunca imaginé serlo,
te he entregado todo mi amor,
y a veces no puedes creerlo.

Eres la única en mi vida,
la dueña de mi corazón,
no hace falta buscar otra guarida,
si en ti encuentro todo sin excepción.

Te quiero con toda mi alma,
de ti no me quisiera apartar
y esto hace tener mi mente sin calma,
añorando el momento en que te vuelva a besar.

Con ansias espero el regreso al hogar,
como siempre lo he hecho,
donde libremente te puedo amar,
donde compartimos el lecho.

Dieciocho años de convivir a tu lado,
han sido toda experiencia
y aunque no siempre flores he cosechado,
si han estado llenos de magnificencia.

Y aunque el tiempo ha transcurrido
aún sigo tan enamorado,
como el primer día que te vi
por tu carácter aguerrido,
por la forma en que me has amado,
gracias a Dios te conocí.

Has alegrado mi vivir,
has cambiado mi pensar,
me has enseñado a reír,
me has enseñado lo que es el amar.

Te amo querida esposa,
hasta el último momento de mi vida,
por ser o no cariñosa,
por arriesgarte conmigo en forma atrevida.

Atrevida por mi forma de ser,
en los años de juventud,
por enseñarme a entender,
a pagar el mal con gratitud.

Te quiero por lo que eres,
y lo hago con todo el corazón,
sabiendo que tu también me quieres,
te conviertes en la musa de mi inspiración.


Abrazo de un poema, de Julio Rodolfo Garcia Rodas imprimir | correo
El tiempo y la distancia nos ha separado
y cada quien eligió distinto camino,
ya no estás a mi lado
y yo lejos de ti forje otro destino.

Mi mundo cambio de color,
y la vida de otra forma pude ver,
descubrí un nuevo amor,
que hace aprecio de mi querer.

Sin embargo no he de negar
que albergo tu recuerdo en mi mente
y que deseo volverte a mirar,
pero eso no sería una acción inteligente.

¡Ay! amor de juventud,
el que compartí a tu lado,
aquel que con ingratitud
derribaste mi corazón que se sentía alado.

Son tantos los momentos
que juntos compartimos,
donde se desbordaron los sentimientos,
en el tórrido romance que vivimos.

Pero hoy tan solo mi poema te ha de abrazar,
porque desconozco tu paradero,
pero mis palabras se que te han de llegar,
en el transcurso del tiempo en el cual soy pasajero.

Se que ignoras que por ti hoy me inspiro,
pero eso no me ha de importar,
a pesar que se me escapa un suspiro
cuando a ti te he de recordar.

Pero es por un amor del ayer,
un recuerdo del pasado,
de una vida que no pudo ser
y que en el tiempo quedo pausado.

No he de escribirte palabras de amor,
porque esas por ti han muerto,
ellas se las dejo a mi sucesor,
aquel que en tu corazón encontró un puerto.

Mis versos los dirijo a tiempos anteriores,
a sentimientos encontrados,
por viejos recuerdos de amores,
que creía que tenia olvidados.

No es que vayan a renacer,
ni nada por el estilo
y como podrás ver
para nada me pondrán intranquilo.

Aun así es bonito recordar,
mi primer gran amor,
aquel que nunca he de olvidar,
y que hoy fue mi ente inspirador.


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