Poesía guatemalteca
Barcelona, España, 3 dic, 1914 – Guatemala, 19 dic, 1980.

Poeta, periodista, narradora, ensayista, crítica literaria y de artes plásticas.

Fue hija única. Pasó su niñez en Argentina, país de donde era su padre, Tito Livio, y su juventud en España e Italia, donde se asentó aquél como diplomático. Estudió el doctorado en letras en Roma. Llegó a Guatemala —la tierra de su madre, Julia Falla, que se había separado de su esposo y regresado a su país, y adoptó la nacionalidad guatemalteca—, en 1945 cuando era presidente del país Juan José Arévalo. Se involucró en la campaña de alfabetización impulsada por el primer gobierno de la Revolución de 1944. Ahí se identificó con la tierra de su madre. También, fue maestra de la Facultad de Humanidades de la Usac y fundó el Instituto de Cultura Italiana en Guatemala. En 1945 se casó, en septiembre, en México, con Alfonso Solórzano, miembro del PGT, con quien procreó a Julio (en México), Mario y Laura (en París), Silvia y Juan Pablo (en Guatemala). Realizó su producción literaria en México, donde se exilió con toda su familia, para huir del gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes. Hasta 1977, su poesía fue intimista, lírica, pero empezó a escribir ensayos políticos en Fem. Fue maestra de literatura italiana en la FFLUNAM y fundadora de la cátedra de sociología de la mujer en la FCPSUNAM. Traductora de El ave fénix, de Paul éluard. Pionera del movimiento feminista en México. Cofundadora y coeditora de la revista Fem, con Margarita García Flores, Elena Poniatowska y Margarita Peña, entre otras. Fundadora y directora del programa Foro de la Mujer, en Radio Universidad. Colaboraba en El Imparcial, de Guatemala, con su columna “Cartas de México”. Vivió en Argentina, París, La Habana, Italia y México (donde tuvo estrecha relación con el exilio guatemalteco) hasta diciembre de 1980, cuando fue a visitar a su madre a Guatemala y a renovar su pasaporte vencido; el jueves 19 fue secuestrada, a plena luz del sol, en un mercado de artesanías de la 9na. avenida del centro de la capital guatemalteca, por la G2 —tenebroso grupo de inteligencia del ejército—, debido a su vinculación con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. Antes, en Nebaj, en junio de 1980, cayó en combate contra la reacción guatemalteca el último de sus hijos, Juan Pablo, hecho que deben guardar en secreto para evitar represalias en contra del otro hijo, Mario. La muerte del menor de sus hijos la conmocionó a tal grado, que la hizo ocupar el papel de su hijo en la lucha armada por la liberación de Guatemala. La misma tragedia indujo a tomar la decisión de renunciar a su militancia en el Partido Guatemalteco del Trabajo a Alfonso Solórzano, quien falleció atropellado en la Avenida de los Insurgentes, en la ciudad de México, en agosto del mismo año. En estado de shock, por el asesinato de su hijo, lo arrolló un automóvil el mismo día que supo de la muerte de éste. En diciembre de ese 1980 también asesinaron a su hijo Mario —periodista, miembro del Ejército Guerrillero de los Pobres— en la 9a. avenida de la zona 1, en Guatemala.

La desaparición de Alaíde desató una ola de protestas en todo el mundo, pero el gobierno de Fernando Romeo Lucas García desoyó hasta a una comisión del congreso mexicano que fue a Guatemala a protestar por el hecho, y miles de cartas provenientes, inclusive, de senadores estadunidenses y de Amnistía Internacional. En Guatemala, la denuncia fue tibia, debido a la represión que sufrió la intelectualidad en la década de los ochenta. La voz de Luz Méndez de la Vega fue una de las pocas que exigió la aparición con vida de Alaíde.

Luis Cardoza y Aragón recuerda a Alaíde de la siguiente manera: “Alaíde Foppa fue uno de esos seres destinados a dar alegría y felicidad. Quienes la conocieron saben que estuvo llena de lucidez, de firmeza y deseo de ser para los otros. Un cuarto de siglo en México lo vivió dedicada a servir en campos diversos de la inteligencia. Su viva memoria ha estado presente en el mundo, como símbolo de lucha guatemalteca por la soberanía, la libertad y la justicia social”.

Alaíde fue activista de la solidaridad con el Frente Sandinista de Liberación Nacional, de Nicaragua, e integrante del Frente Democrático contra la Represión, de Guatemala.

Silvia Solórzano Foppa, militante guerrillera desde 1975, en entrevista con Homero Campa (Proceso, 1052, 29 dic, 1996, p. 48), habla de su madre poeta: “;La poesía es tan ingrata y tan poco reconocida, que para mi madre fue una necesidad y una satisfacción muy personales. No ganó dinero con ella. Al contrario, llegó a poner de su bolsa para publicar un libro. En nuestra vida familiar la poesía no era algo que estuviera presente. No se hablaba o discutía sobre ella. De repente, mi madre llegaba y decía: ‘Hice un libro’. Los poemas del libro  Las palabras y el tiempo son los que mejor describen a mi madre: Una infancia/ nutrida de silencio/, una juventud/ sembrada de adioses,/ una vida/ que engendra ausencias./ Sólo de las palabras/ espero/ la última presencia”. Alaíde crio a la hija de Silvia cuando ésta se incorporó a la guerrilla.


Tomado de Diccionario de escritores guatemaltecos, de Carlos López.


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